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Imagine que usted está construyendo un árbol de causa y efecto, con la finalidad de entender por qué ciertos síntomas indeseables ocurren en la realidad actual de la empresa. En ese árbol lógico, las causas raíces son colocadas en la base y los efectos negativos finales en la cima, todos ellos descritos a través de frases escritas en Post-Its. En su mano está un Post-It que dice algo como “nuestro personal está desmotivado” o “el personal no está comprometido”. ¿Dónde  lo colocaría usted? ¿En la base del árbol (como causa), o en la cima (como efecto)? En otras palabras: ¿El compromiso de las personas de una empresa es un prerrequisito para que podamos tener buenos resultados, o es uno de los buenos resultados que buscamos?

Muchos colocarían el compromiso como prerrequisito, y la falta de compromiso como causa de problemas. Y como consecuencia, pensarían que la solución pasa por realizar campañas de motivación, ampliar el abanico de beneficios e incentivos, aumentar el nivel de exigencias en la evaluación de desempeño, ser más selectivo en la contratación de nuevos funcionarios, y cosas del género. Bien, muchos ya recorrieron ese camino (probablemente el propio lector también) y el final de él es, invariablemente, un vale de desilusiones. Pasado el efecto temporal introducido por tales iniciativas, todo regresa a la situación anterior, y el problema de la falta de compromiso se perpetúa. Peor aún, al pasar por tales frustraciones, podemos desarrollar y consolidar en nuestras mentes el falso concepto de que las personas son intrínsecamente apáticas y desmotivadas con relación al trabajo y a la empresa y que, a fin de cuentas, todo lo que les interesa es el sueldo que reciben al final del mes.

Pero encaremos la cuestión a partir de un principio filosófico radicalmente opuesto: “Las personas son buenas.”  Es decir, ellas ya nacen con una motivación intrínseca, y todo lo que debemos hacer,

como gestores, es tratar de no sofocarla. Si realmente adoptamos tal principio (en la práctica, y no apenas en el discurso) la búsqueda de una solución para el problema del compromiso sufrirá un giro de 180 grados. Saldrán a la luz preguntas como:
  • “¿será que el personal sabe para dónde queremos ir?”;
  • “como gerentes y líderes, ¿será que definimos y comunicamos con claridad nuestros valores, misión y visión?”;
  • “¿hemos reconocido y creído en el potencial de nuestra gente, y todas nuestras políticas y prácticas confirman eso?”;
  • “¿hemos sido suficientemente competentes en identificar y desarrollar los conocimientos y habilidades necesarios para cada función, en todos los niveles?”;
  • “¿supimos involucrar a nuestro personal para trabajar como equipo en la definición y mejoramiento continuo de sus respectivos procesos?”;
  • “¿fuimos capaces de integrar con claridad toda la cadena de procesos, instituyendo un flujo continuo de creación de valor para los clientes, de punta a punta en toda la empresa?”;
  • “como líderes empresariales, ¿estamos administrando globalmente tal flujo integrado de procesos, o continuamos con la vieja mentalidad de establecer y cobrar el cumplimiento de metas para cada departamento aisladamente?”

El tipo de respuestas dadas a aquellas preguntas (y otras relacionadas) pueden hacer la diferencia entre tener un ambiente organizacional extremadamente motivador o altamente decepcionante; entre tener un ejército de colaboradores competentes y motivados con su propio trabajo, o tener un bando de personas desorientadas, poco preparadas y, consecuentemente, desmotivadas (o entonces, gente que sólo se motiva por “¿cuánto gano si cumplo con la meta?”). Podemos concluir entonces que las personas reaccionan de acuerdo con la manera como las vemos y, principalmente, de acuerdo con la estructura y sistemas de trabajo que la gerencia crea para ellas. Compromiso personal, por lo tanto, es un resultado de una buena filosofía y prácticas de gestión.

 

edu-moura¿Y usted? ¿Qué piensa sobre este tema?

Cualquier comentario será muy bienvenido.

Hasta la próxima edición!

Eduardo C. Moura

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Comentarios  

 
0 # Giovanni Higuera 18-01-2012 13:13
Excelen te reflexión,con el aval de eduardo lo replicare por mis redes, saludos..... y gracias GIOVANNI
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0 # ISABEL MORALES 18-01-2012 15:15
Me encanta el artículo, y tal como vaticinas lo he vivido de manera directa, tanto en mi persona (como profesionista)y al interior de la organización. En una ocasión, desarrollamos un proyecto de comunicación interna mediante un buzón de sugerencias. Esto comenzamos a desarrollarlo desde el área de Calidad, ya que la parte de Recursos Humanos en nuestra organización no lo había implantado. Al principio fue una derrama de QUEJAS en vez de sugerencias, pero gracias a ello detectamos a una persona, muy callada pero que se orientó a proponer ideas muy SÓLIDAS y muy enfocadas a la mejora. Desafortunadame nte, al no existir apoyo para poder incentivar y reconocer el talento por parte de la Dirección o de RH, todo eso se ha venido abajo, no hay consistencia y la gente termina por la total indiferencia, este es un bache del cual no hemos podido salir, carecemos también de estudios de clima laboral, sin embargo, creo con seguridad que esta es la base para el éxito de la organización.
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0 # PATRICIA ACURIO 18-01-2012 17:38
Excelente conclusion, no la habia visto desde ese panorama. Estoy de acuerdo que la comunicacion efectiva y el integrar a nuestra gente en las soluciones es el camino mas acertado para mantener el compromiso de la gente, pero las organizaciones lo complican todo, cuando ven el todo como departamentos y nos inventamos metas individuales que en lugar de motivar desmotivan a la gente. Algo parecido lo vivimos cuando la meta del departamente no va alineada con el concepto de que el beneficio debe ser para la organizacion en su totalidad.
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0 # Dayan Alejandro Leon 22-02-2012 18:10
Excelente conclusion, tenia tiempo sin darme tiempo de leer los articulos que publicas, pero definitivamente es un gusto volver a leerlos, espero que sigas con esta actividad que enriquece a muchos.

Bien por ti Eduardo.

Saludos.
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