Imagine que usted está construyendo un árbol de causa y efecto, con la finalidad de entender por qué ciertos síntomas indeseables ocurren en la realidad actual de la empresa. En ese árbol lógico, las causas raíces son colocadas en la base y los efectos negativos finales en la cima, todos ellos descritos a través de frases escritas en Post-Its. En su mano está un Post-It que dice algo como “nuestro personal está desmotivado” o “el personal no está comprometido”. ¿Dónde lo colocaría usted? ¿En la base del árbol (como causa), o en la cima (como efecto)? En otras palabras: ¿El compromiso de las personas de una empresa es un prerrequisito para que podamos tener buenos resultados, o es uno de los buenos resultados que buscamos?
“Los problemas son para la mente como los ejercicios son para los músculos: ellos nos fortalecen y nos hacen crecer.” (Norman Vincent Peale)
En esa misma línea de pensamiento, Einstein dijo: “No es que yo sea tan inteligente; apenas permanezco en los problemas por más tiempo.” Y en cierta ocasión escuché a Eli Goldratt afirmar: “Ya me han llamado genio, pero en realidad soy halterofilista.” Es también interesante observar que en el ápice de la pirámide del modelo 4P de “Toyota Way” está la P de “Problem Solving”, arriba de “Philosophy”, “Process” y “People”. Todo esto indica que, muy probablemente, resolver problemas es la mejor manera de desarrollar a las personas. Alguien que acaba de resolver un problema es alguien que alcanzó un nivel más elevado de conocimiento. Y alguien que desarrolla el hábito de identificar y resolver problemas está en el camino de convertirse en sabio. Porque lo que diferencia la verdadera sabiduría en relación a la simple acumulación de información es la capacidad de aplicar el conocimiento de forma relevante en situaciones prácticas.
Concluyendo nuestra serie sobre paradigmas, abordamos en este último artículo lo que podemos llamar de “Paradigma de la Indolencia Humana”. Como introducción, recomiendo la lectura de los artículos “Motivación de Colaboradores” y “Cuestionando el Sistema de Metas y Bonos de Ventas” publicados en este blog algún tiempo atrás.
El Paradigma de la Indolencia Humana consiste en creer que “las personas son naturalmente apáticas con relación al trabajo”. Según esta forma tan común de pensar, el estado ideal del ser humano sería el de ocio total: estar completamente desocupado, disfrutando tranquilamente de cualquier otra actividad que no sea el trabajo mismo. De ese modo, el trabajo pasa a ser visto como un “mal” o por lo menos un “inconveniente necesario” el cual debemos soportar por algún tiempo, para después poder disfrutar del verdadero placer de no tener que trabajar. En otras palabras, los administradores que comparten la óptica del Paradigma de la Indolencia Humana piensan que, para la desprivilegiada casta de trabajadores del “piso de fábrica”, la vida comienza después de que dejan su local de trabajo.
Continuando nuestra serie sobre paradigmas, abordamos ahora una verdadera “vaca sagrada” de la administración: El Paradigma del Mundo del Costo. Como introducción, recomiendo al lector dos artículos anteriormente publicados en nuestro blog: 1) “Para reducir costos, no priorice la reducción de costos” y 2) “Costo del Producto: ya es tiempo de exorcizar este fantasma contable”.
Continuando nuestra serie sobre paradigmas, que empezamos en el artículo "Paradigmas 1: el Paradigma del Conflicto Inherente", abordamos ahora uno de los más practicados en el medio empresarial: el Paradigma de la Complejidad Inherente, que consiste en creer que “la realidad es altamente compleja en su esencia”. Partiendo de esa definición fundamental, nuestra reacción “natural” para enfrentar la complejidad pasa a ser: “dividamos el sistema complejo en pequeñas partes más manejables y administremos tales partes individualmente.” Y eso, aplicado a numerosas situaciones (algunas de las cuales discutimos a seguir), ocasiona toda una serie de conflictos organizacionales, con los respectivos síntomas negativos que nos afligen en el día a día.
